Sección de Enseñanza de Valencia

Sindicato de Oficios Varios de Valencia (reconstituido en abril de 2009)

Carta de un trabajador del banco griego Marfin

Carta de un empleado del Banco Marfin
(del que murieron tres trabajadores en el incendio de una sucursal durante las manifestaciones en Atenas contra las medidas de austeridad del Gobierno griego)

"Siento la obligación hacia mis compañeros que han muerto hoy tan injustamente de alzar la voz y decir algunas verdades. Estoy mandando este mensaje a todos los medios. Cualquiera que tenga aún algo de conciencia debería publicarla. El resto puede seguir haciéndole el juego al Gobierno.

El cuerpo de bomberos nunca había expedido ninguna licencia sobre el edificio de la sucursal. El acuerdo se hizo bajo mano, como ocurre con prácticamente todos los negocios y empresas en Grecia.

El edificio donde estaba la sucursal no tiene ningún mecanismo de seguridad en caso de incendio; ni planificado, ni instalado. Es decir, no tiene sistema de rociadores, ni salidas de emergencia ni mangueras. Tan sólo hay algunos extintores portátiles que, por supuesto, no son suficientes para lidiar con un fuego de verdad en un edificio construido bajo unos estándares de seguridad muy antiguos.

Ninguna sucursal cuenta con un solo miembro de la plantilla entrenado en extinguir un fuego, ni siquiera en el uso de los pocos extintores. La directiva también utiliza los altos costes de tal formación como un pretexto y no toma ni las medidas más básicas para proteger al personal.
Nunca ha habido un solo ejercicio de evacuación en ningún edificio, ni ejercicios de entrenamiento por parte de los bomberos, para dar instrucciones a seguir en situaciones como esta. Las únicas sesiones de entrenamiento que han tenido lugar en el Banco Marfin tienen que ver con escenarios de acciones terroristas y prevén tan sólo el escape de los “peces gordos” del banco.

El edificio en cuestión no tiene ningún reciento especial para caso de incendio, incluso aunque su construcción es muy sensible bajo tales circunstancias e incluso aunque está llena de materiales muy inflamables, desde el suelo hasta el techo, tales como papel, plásticos, alambre y muebles. El edificio es objetivamente inadecuado para su uso como un banco, dadas las características de su construcción.

Ningún miembro de seguridad tiene conocimiento alguno de primeros auxilios o extinción de incendios, incluso aunque se les hace responsables de la seguridad del edificio. Los empleados del banco tienen que convertirse en bomberos o personal de seguridad, de acuerdo con el apetito del señor Vgenopoulos (propietario del Banco Marfin).

La directiva del banco ha prohibido estrictamente a sus empleados abandonar la oficina hoy, incluso aunque ellos habían pedido hacerlo desde primera hora de la mañana –forzaron a los empleados a cerrar las puertas y les repitieron que el edificio tendría que estar cerrado todo el día, por teléfono. También bloquearon su acceso a Internet para evitar que los empleados se comunicasen con el exterior.

Durante muchos días se ha aterrorizado a los empleados del banco en relación con las movilizaciones de estos días, con la siguiente “oferta”: o trabajas, o te despedimos.
Los dos policies secretas que son enviados a la sucursal en cuestión para prevenir robos no aparecieron esta mañana, incluso aunque la directiva del banco había prometido verbalmente a sus empleados que estarían allí.

Por último, caballeros, hagan autocrítica y dejen de dar vueltas pretendiendo estar en shock. Son responsables de lo que ha ocurrido hoy y en cualquier estado justo (como los que os gusta usar de tiempo en tiempo como ejemplos en vuestros programas de TV) serían arrestados por todo lo comentado arriba. Mis compañeros perdieron sus vidas hoy por la malicia: la malicia del Banco Marfin y del Sr. Vgenopoulos en particular que afirmó explícitamente que cualquiera que no fuese a trabajar hoy [por el 5 de mayo, día de la huelga general] no debería preocuparse por venir mañana [ya que sería despedido]".

Un empleado del Banco Marfin

Traducción: Editorial Klinamen

Felicidad y coyuntura en un Estado policial

[Represión, autoritarismo y Estado policial, presupuestos militares]


Me declaro “anti-coyuntura”. Las cosas importantes no son por episodios esporádicos o coyunturales, sino por el día a día, por lo estructural. Las fuerzas represivas no tienen “excesos” ocasionales, sino que su idiosincrasia, posición de autoridad y monopolio de la violencia les hacen que su mismo núcleo esté efervescente de arrogancia y violencia. Si a esto le sumamos la obediencia ciega y la cobardía de actuar -como siempre hacen- protegidos por armas y por otros represores más (sea fuera de un Rectorado, en una habitación de una comisaría o en las calles de cualquier ciudad) la combinación es brutal. Pero brutal de por sí, a priori, por su índole, siempre; no a posteriori y coyunturalmente.

Muchas veces olvidamos que a parte de tener el monopolio de la violencia física, también tienen el de la simbólica. El de la soberbia continua y el restregarte que están siempre por encima; el del desarmado que reivindica algo que cree justo frente al armado por tus impuestos dispuesto a detenerte o golpearte; el del “obedece y calla” mientras pisotean tu dignidad; el de que te acusen de desorden público o desobediencia a la autoridad por lo que les venga en gana; el de ir a denunciar determinados delitos y que te digan “vuélvete a tu casa o ya verás” (como les han dicho tantas veces a mujeres maltratadas); el de estar detenido y en un frío calabozo durante decenas de horas sin que dejen que nadie sepa nada de ti; o el de pedir el número de placa y que te respondan “un 43 de mi bota en tu cara”. ¡Qué felicidad!

Eso se llama violencia simbólica, y no es coyuntural, sino del día a día. Esa actitud, posición y espíritu es estructural, y hechos como a los que me acabo de referir pasan, con connotaciones diversas, un día tras otro. Y pasan desapercibidos para muchos, pero están ahí continuamente. Por eso da más rabia que no se tenga en cuenta su gran importancia. Y como los medios convencionales sólo olfatean (y cuando les conviene) el amarillismo de los palos y de la sangre, parece que no son, que no existen.

Todo esto en sociedades crecientemente infestadas de cárceles y armas, donde los trabajos que más demanda de personal tienen son los de las fuerzas represivas: policía, ejército, seguridad privada. Mientras, el paro rebosa por todas partes, sea en trabajadores del sector primario y secundario o en innumerables licenciados que se tienen que arrastar viendo su futuro negro. Háganse policías o militares, verán como son felices y el futuro lo tienen asegurado.

Unas sociedades que, como la española invierten (invertimos por medio del Estado, sobre el que ninguna democracia preguntó si lo queríamos o no) en investigación militar tres veces más, repito, tres veces más que el dedicado a investigación científica básica, fuente principal de financiación de las Universidades y el CSIC; o cerca de veintiséis, repito, veintiséis veces más que el dedicado a investigación agraria. Sólo cinco empresas relacionadas con la industria militar (EADSCASA, General Dynamics, SENER, Navantia e ITP) se embolsaron de dinero público más de dos veces lo que reciben todas las Universidades y el CSIC para I+D civil. Una de ellas -General Dynamics, una de las principales proveedoras del Pentágono- ha recibido así del Estado español, para el desarrollo de dos tipos de carros de combate, más dinero que el destinado a toda la investigación sanitaria[1].

Sean felices, en su Estado policial.
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[1] "Informe 2006 sobre los Presupuestos para I+D civil y militar en el Estado español” elaborado por la Fundació per la Pau.

Peor que Guantánamo (mas siempre “de buena fe”)


[Centros de detención y tortura, Obama, Palestina]



Obama anunció que cerraría la base de Guantánamo. Actualmente, mientras se discute el destino de sus prisioneros, el flamante presidente estadounidense ha declarado que los agentes de la CIA que torturaron a sospechosos de terrorismo durante el mandato de George W. Bush “no serán enjuiciados” y que “actuaron de buena fe”. “De buena fe”. ¿Torturadores que emplean día a día la asfixia simulada -“waterboarding”-, o el no permitir durante siete días dormir a un prisionero pueden actuar “de buena fe”?. Ah, claro, quizá olvidaba que el terrorismo de Estado siempre actúa “de buena fe”, sea en una Escuela Mecánica de la Armada, en una Villa llamada “Grimaldi”, en Guantánamo, o en cualquier cuartel del mundo; y sea en la época de los fascismos europeos, en el siglo XXI, o en los tiempos de la Santa Inquisición, lógicamente. La defensa de Dios y de la Patria siempre dotaron “de buena fe” a sus terroristas.



Sin embargo, entre estas citas de centros de detención ilegales y torturas sistemáticas, hoy quiero hablar de una prisión secreta que, por desgracia, resiste en las más oscuras tinieblas y con un terror inusitado a los cambios y a las dinámicas globales supuestamente más “humanizadoras” del “New World Order” de Barack Hussein Obama.



Pero; ¿dónde se sitúa esta cárcel secreta aún más terrible que Guantánamo? Pues en una de las capitales de “El mundo al revés”: la Palestina ocupada. Ese lugar donde la mayor reiteración en la violación de la legalidad internacional y los Derechos Humanos se ve contrapesada por una privilegiada colaboración militar, diplomática y comercial occidental.



Efectivamente, la cárcel 1391 o X-Ray es mucho más desconocida que Guantánamo (no resulta extraño si tenemos en cuenta el carácter de agujero negro planetario que tiene el territorio ocupado por el Estado de Israel), pero allí se infringen las leyes internacionales más ferozmente. Al contrario que el campo enclavado en Cuba, no se conocen ni fotografías del lugar ni de los prisioneros, al tiempo que nunca ha sido examinada por ninguna organización como la Cruz Roja Internacional.



Emplazada en Cisjordania y cercana a la Línea Verde, no sólo no figura en ningún mapa de la zona, sino que fue suprimida de las vistas aéreas y le fue quitado el cartel que la señalaba y en el cual solo tenía una cifra escrita: 1391. Según las instancias israelíes, la Cárcel 1391 no existe. En efecto, toda referencia a este funesto lugar fue destruida, alegando el Estado de Israel (una vez más y seguro que “de buena fe”) que “la compartimentación y la confidencialidad son necesarias para preservar la seguridad del Estado”.



Como señalan diversos abogados israelíes, los periodistas extranjeros que difundieron información sobre esta cárcel han sido gravemente amenazados. No obstante, a pesar de los intentos del Gobierno de ocultar todo detalle al respecto, se filtró información sobre espantosos acontecimientos que sucedieron en esa cárcel. La abogada israelí, Lina Tsamil, aseveró que “todo el que ingresa a esa cárcel desaparece y probablemente para siempre”. Hasta septiembre de 2002, Tsamil y la organización israelí de derechos humanos “Hamukid” habían exigido a Israel en tribunales internacionales información sobre esa prisión y reclamaron, por vías legales, conocer el paradero de los palestinos desaparecidos como muestra de que aún estaban con vida.



Los escasos datos que se conocen indican que los interrogatorios comprenden numerosos tipos aislamiento, tortura psíquica y anatómica. El Frente Democrático para la Liberación de Palestina, Foreign Policy o Newsweek han informado sobre algunos de ellos. Por ejemplo, sobre el prisionero político Mustafá Al-Dirani, el cual denunció que había sido violado por algunos soldados destacados en la 1391. Al-Dirani estuvo en una celda pequeña de dos metros cuadrados, sin ventanas y pintada de negro, con una lámpara de luz tenue encendida las 24 horas del día. Le prohibieron visitas del abogado y encontrarse con otros detenidos. No se le permitía ver nada fuera de su celda. Diariamente recibía golpes, vibraciones violentas, así como la obligación de pararse o sentarse durante largos períodos en posiciones incómodas, además de ser esposados de pies y manos tan fuertemente que le causaba un gran dolor.



Prácticas como estas y peores suceden continuamente en esa prisión secreta. Según otro de los pocos testimonios que existen, esta vez de Mohammad Jadallah, fue golpeado repetidamente, maniatado y atado a una silla de manera dolorosa, además de que le prohibían hacer sus necesidades y le impedían dormir. Miembros de la Inteligencia le mostraban fotos de su familia y lo amenazaban con hacerles daño si no colaboraba con ellos. Sobre ello dice Mohammad, “me mostraron fotos de mi papá con el uniforme de preso y me proyectaron un video de él como si también lo tuvieran detenido. Me amenazaron con detenerlo y torturarlo”. Otro detenido afirmó que el grado de aislamiento es tal que “tú empiezas a sentir que la cárcel solo existe para ti y que nadie más la habita”. Seguro que la “legítima defensa” de Israel, su “guerra de supervivencia”, o la “guerra contra el terrorismo” también justifican la perpetuación “de buena fe” de la 1391. O si no, pregunten y esperen a ver qué hace al respecto (como en cualquier tema respecto a Palestina) el adalid global del “change”.